Zona Arqueológica 
El Tajín

El Tajín es una de las principales zonas arqueológicas de la República Mexicana y, en general, de todo el continente americano.  
   Es un lugar considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad.


Tajín, la ciudad del relámpago fue descubierta en 1785 por Diego Ruíz, quien buscando plantaciones clandestinas de tabaco dio con el templo de los nichos. En 1939 el INAH empezó las exploraciones en dicho sitio

El Tajín fue la capital del imperio totonaca

El Tajín era una ciudad sagrada, equivalente y contemporánea a Teotihuacán en la parte central de México y a Monte Albán en Oaxaca. Su nombre quiere decir Ciudad del Trueno y tuvo su mayor esplendor alrededor de los siglos VII y VIII. No hace falta ser un arqueólogo especializado para darse cuenta que sus edificios requirieron una buena dosis de esfuerzo y planeación. Aquí se realizaban muchas ceremonias importantes, se jugaba a la pelota y también se gobernaba.

Los edificios de El Tajín son indicadores astronómicos

Como sucede con otras ciudades de Mesoamérica, El Tajín tiene una orientación muy bien definida con respecto al paisaje y a las estaciones del año. La Pirámide de los Nichos tiene una relación muy especial con el Cerro de los Mantenimientos que le permite ser iluminada de forma específica durante el equinoccio de primavera, anunciando el inicio de la época de siembra. El Cerro de los Mantenimientos es también el lugar de residencia de los dioses totonacas; desde este lugar se decidía si los pobladores de la Costa del Golfo gozarían de un año de abundancias y buen tiempo, o sí se verían aquejados por guerras u otro tipo de desastres. Subir al Cerro de los Mantenimientos no te garantiza un encuentro casual con los dioses antiguos, pero sí una vista majestuosa de El Tajín y sus alrededores.

La Pirámide de los Nichos es el edificio más emblemático de El Tajín.

Además de anunciar la llegada de la primavera, este edificio era también una representación de los ciclos temporales para los totonacas. Sus trescientos sesenta y cinco nichos representan los días del año (el calendario totonaca medía los años en la misma forma en que lo hacemos hoy en día). El monumento también recibe el nombre de Pirámide de las Historias de los Siete, haciendo referencia a las leyenda totonaca de los siete sacerdotes del trueno que se reunían para invocar a la lluvia y la tempestad en el sitio actual de la pirámide. A pesar de la importancia que tiene este monumento en la cosmogonía totonaca, estudios recientes sugieren que esta pirámide es uno de los edificios más nuevos de todo el complejo.

Esta gran ciudad pasó desapercibida para los conquistadores españoles.

Durante el inicio de la conquista, los españoles ni se enteraron de la existencia de esta gran ciudad. No fue sino hasta 1785 que fue descubierta por Don Diego de Ruíz, un cabo de ronda que buscaba cultivos clandestinos de tabaco (el equivalente de la época a la AFI buscando sembradíos de mota). Ya durante los siglos XIX y XX, exploradores e investigadores de la talla de Carl Nebel, Alexander von Humboldt y José Francisco del Paso y Troncoso, la visitaron y quedaron maravillados con sus trazos y majestuosidad.

El Tajín es Patrimonio de la Humanidad desde 1992.

El Tajín fue reconocido con el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO el 14 de diciembre de 1992, por reflejar la grandeza de las culturas precolombinas en México y por su excepcional arquitectura. Cabe mencionar que la cultura totonaca y sus distintas expresiones no se quedan atrás en cuanto a reconocimiento. El Centro de las Artes Indígenas y el ritual de los voladores han sido igualmente galardonados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en años recientes.

Los famosos voladores de Papantla son originarios de esta región.

Muchos conocemos e incluso hemos visto la famosa danza de los hombres pájaro, pero pocas veces nos ponemos a pensar ¿dónde queda ese lugar llamado Papantla? Pues no hace falta buscar más. La ciudad de Papantla se encuentra a unos pocos kilómetros de los monumentos del Tajín y la peculiar danza tiene sus orígenes, precisamente, en la Ciudad del Trueno. Este espectáculo es una representación ancestral del paso del sol por la tierra y es una de las expresiones de la cultura totonaca que mejor se conserva hasta nuestros días. ¡No pueden visitar El Tajín sin ver la danza de los voladores donde fue concebida!

La zona arqueológica es más grande de lo que te imaginas.

El Tajín cuenta con 1,221 hectáreas, así que prepárate para caminar bastante. Entre la Plaza del Arroyo, la Pirámide de los Nichos, el Tajín Chico y los juegos de pelota, el sitio cuenta con 168 edificaciones descubiertas, aunque sólo cuarenta y un edificios se encuentran expuestos y abiertos al público… ¡Y eso te debería bastar! Ten en cuenta que tu caminata por los monumentos será también una caminata por el clima más tropical de México, así que recuerda mantenerte bien hidratado, usar ropa cómoda y ligera, y utilizar sombrero o una sombrilla para protegerte del sol.

En El Tajín se jugaba a la pelota… y se sacrificaba al ganador.

El juego de pelota era un ritual muy importante para muchas culturas mesoamericanas. Dentro del complejo arqueológico de El Tajín se han descubierto veinte juegos de pelota, aunque sólo seis se encuentran abiertos al público. En las canchas subsisten muchos bajorrelieves que relatan detalles culturales y rituales asociados a este juego. Se pueden observar representaciones de sacrificio de los jugadores, donde el ganador era quien recibía el honor de ser sacrificado para complacer a los dioses.

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